¿Cómo pasé de director de novelas a esposa, madre y compañera?

 “Sólo tras haber hecho frente a esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior.

Porque si centras tu atención y tu energía a lo que se escapa de tu control, nunca podrás conseguir lo que sí depende ti.  En cambio, si centras tus esfuerzos, intención y energía en lo que puedes controlar, avananzarás y serás feliz.  Porque tu felicidad dependerá de lo que tú puedes controlar y no de lo que no puedes.” Epicteto

Estoy convencida que muchas veces las relaciones no funcionan porque están condicionadas por lo que uno o el otro desea, quiere o espera de los demás.  Y esto además comparado con un ideal.

 Creí que la vida era una novela y me convertí en el director general.  Muchas veces he dicho que al inicio de mi vida como pareja y como madre, creí que la vida era una novela. Una novela en la cual había un guion que yo misma había escrito y que cada uno de los integrantes de mi familia debía decir y seguir, aún y cuando ese guión, solo yo lo sabía .

Esperaba mucho de todos, y por supuesto, eso casi nunca se cumplía.  Mi frustración y desesperación crecía cada vez más.  Hasta que ENTENDI, que cada persona es y debe ser independiente, que debe cumplir únicamente sus propios deseos y actuar y hablar por convicción propia; cada persona es y debe ser libre.

No solo la vida de todos fue más relajada y feliz, sino la mía dio un giro de 180 grados. En mi trabajo como facilitador, menciono siempre a los participantes “no hagan nada para complacer a los demás, todo lo que hagan debe ser por convicción propia”.

Me di cuenta, que, de esta forma, le estaba devolviendo a todos su responsabilidad por sí mismo, por su vida y su parte en la relación.  Recuerdo la cara de mis hijos cuando les decía, “haz lo que creas que suma a tu vida y que te ayuda a cumplir lo que quieres para ti en el futuro”, en su momento creo que consideraban que era más fácil cumplir con las expectativas de otros en lugar de encontrar las expectativas propias, pero poco a poco fueron encontrándolas.

En una relación deben existir límites, acuerdos, pero no determinaciones castrantes que no les permitan crecer como seres humanos.  Aprendí que la frase “yo sé más que tú porque soy más grande” era solo una forma de manipular para que hicieran lo que yo quería, lo cual no los lleva a descubrir sus metas, sus propósitos, sus ideales. 

Manipular, controlar, sobre proteger, no es una forma de amor, es una forma de limitar, de quitar la libertad a los demás.  Esto solo alimenta en los demás su deseo de huir, porque suponen que así tendrán libertad.  Pero como no están acostumbrados a tenerla y muchas veces no saben lo que es la libertad, terminan equivocándose.  Solo para lograr que los padres o compañeros digan “ves te lo dije” y empieza el ciclo de nuevo.

Yo considero que no podemos entrar en la cabeza de los demás, cada uno tiene una consciencia que les dice qué es lo mejor. Cada uno en su interior tiene todas las respuestas y lo único que podemos hacer es apoyar, sugerir, ser ese contenedor psicológico de la posibilidad que nos permita estar allí para dar un abrazo o compañía cuando algo no sale bien o cuando logran algo que para ellos es valioso.

Si no esperamos nada, si amamos a las personas tal como son, incondicionalmente; automáticamente tenemos paciencia, tolerancia, un inmenso amor y aceptación.

 

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